dilluns



Soy mujer porque otras lo fueron antes.

Lo fue Sylvia y también Alejandra. Virginia. Marguerite. Lo fueron antes que yo.

Construyo mi feminidad sobre los cimientos de otras. De la piedra de la locura, de la sombra de papá, del vientre que arde y sangra, de la enfermedad-edad.

Soy mujer porque lo grita este cuerpo. Otros lo gritaron antes. Nada nuevo, y sin embargo todo a estrenar. Toda mujer es un gran estreno.

Soy mujer porque entiendo la vida construída sobre un montón de úteros jugosos, que lo fueron de otras y ahora tengo el mío. ¿Qué hago con el mío? Porque soy mujer y asumo la habitabilidad de mi cuerpo. El arraigo. Los músculos y venas formando un entramado de nudos, una tela de araña atrapando a los incautos insectos (quise decir sentimientos) que quieren escapar.

Soy mujer, ¿y ahora qué?


Día cualquiera cuando estás

[Este texto habla de la idolatría no correspondida]


Yo quería ser normal. El pájaro quería ser normal. El perro quería ser normal. Lo normal quería ser…en fin. Y estos meses con su angustia metastásica quisieron ser normales. Pero es imposible, porque la normalidad es lo menos normal del mundo.

Habitaste el sueño de las hormigas,
el cosquilleo de tu caminar dejó un reguero de entumecimiento en la piel.

Inventaste la fiebre, los tem(bl)ores. Te dibujaste entre las nubes y la lluvia hirió tu imagen, como si las gotas fueran balas. Luego fuiste del agua.

El eco de tu voz modeló montañas imposibles de escalar. Como el hijo bastardo de un dios cansado de encarnar la fe de demasiadas personas.

Y yo sólo quise ser normal.


M. Islandia