dimecres







EXISTE UNA TERCERA OPCIÓN
LA MÍA











"Si he de vivir...
que sea sin timón
y en el delirio"

Mario Santiago, D.F. (1976)

dimarts


Plaer







¿SABES ALGO DE LA SEDUCCIÓN?


GIRL ON THE BRIGDE. (enlace)


Pintura: ANTONIO LÓPEZ. (enlace)


Texto:
El Beso en la Boca", "El Placer de los Sentidos"
Vicente Muñoz Puelles.

"-¿Sabes algo sobre seducción?
-Lo sé todo. Me he pasado la vida seduciendo a la gente.-Primero miras intensamente a la persona de tu elección. Te fijas en algún detalle de su cuerpo, como si lo evaluaras y, luego, te concentras en los ojos. Alternas las miradas a los ojos con miradas a sus labios. Verás que su pupila se agranda y que su boca se entreabre. Cuando te parezca que va a desfallecer, le cuentas algo gracioso, bromas, le demuestras que tienes sentido del humor y largan risas juntos. Habláis sobre cualquier cosa, excepto sexo.
-¿Estás segura?
-Sí. Después tomas una de sus manos, pero siempre con alguna excusa: para compararla con la tuya, para ayudarle a pasar la calle, para leerle las líneas de la vida. Si hace frío o llueve, le pasas un brazo sobre los hombros.
Habláis de sexo, Luego la tomas por la cintura y aproximas tu rostro al suyo, de modo que crea que vas a besarla, pero no lo haces. Se produce una situación propicia, que no aprovechas. Si tenéis que dormir juntos, le dices que tú lo harás en el sofá. Lo importante es que la otra persona no sepa qué estás pensando, ni lo que quieres.
Al final será ella quién toma la iniciativa. Le darás un beso en la mejilla y ella buscará tus labios. Creo que el resto ya lo sabes. ¿Qué haces? ¿Por qué me miras así.
-Intento seducirte.
-¡Ah, vamos! Conmigo puedes empezar por el beso en la boca!

diumenge



Bautizada de aromas






Los perfumes, los himnos órficos, las algalias en primera y en segunda
acepción... Aquí olés a sardónica. Aquí a crisoprasio. Aquí, esperá un poco, aquí
es como perejil pero apenas, un pedacito perdido en una piel de gamuza. Aquí
empezás a oler a vos misma. Qué raro, verdad, que una mujer no pueda olerse
como la huele el hombre. Aquí exactamente. No te muevas, dejame. Olés a jalea
real, a miel en un pote de tabaco, a algas aunque sea tópico decirlo. Hay tantas
algas, la Maga olía a algas frescas, arrancadas al último vaivén del mar. A la ola
misma. Ciertos días el olor a alga se mezclaba con una cadencia más espesa,
entonces yo tenía que apelar a la perversidad —pero era una perversidad
palatina, entendé, un lujo de bulgaróctono, de senescal rodeado de obediencia
nocturna—, para acercar los labios a los suyos, tocar con la lengua esa ligera
llama rosa que titilaba rodeada de sombra, y después, como hago ahora con vos,
le iba apartando muy despacio los muslos, la tendía un poco de lado y la
respiraba interminablemente, sintiendo cómo su mano, sin que yo se lo pidiera,
empezaba a desgajarme de mí mismo como la llama empieza a arrancar sus
topacios de un papel de diario arrugado. Entonces cesaban los perfumes,
maravillosamente cesaban y todo era sabor, mordedura, jugos esenciales que
corrían por la boca, la caída en esa sombra, the primeval darkness, el cubo de la
rueda de los orígenes. Sí, en el instante de la animalidad más agachada, más
cerca de la excreción y sus aparatos indescriptibles, ahí se dibujan las figuras
iniciales y finales, ahí en la caverna viscosa de tus alivios cotidianos está
temblando Aldebarán, saltan los genes y las constelaciones, todo se resume alfa y omega,
coquille, cunt, concha, con, coño, milenio, Armagedón, terramicina, oh
callate, no empecés allá arriba tus apariencias despreciables, tus fáciles espejos.
Qué silencio tu piel, qué abismos donde ruedan dados de esmeralda, cínifes y
fénices y cráteres...

Texto: Rayuela. Capítulo 144
Julio Cortázar
(Ixelles, Bruselas, 26 de agosto de 1914 - París, 12 de febrero de 1984)


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