dimarts






Me pregunto...






Cómo será el gemido y cómo el grito 
al escapar mi vida entre la tuya
y
Cómo el letargo
al que me entregue

Cuando adormezca el sueño entre tus sueños.


Chabuca Granda (Cardo o ceniza)

dimecres






EXIGE/ARREBATA/SÉ FEBRIL














Sé involuntaria. Sé febril.

Olvida sobre la cama hasta tu propio idioma.

No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.

Sé una perra. Sé una alimaña.

Resuella, busca, abrasa, brama, gime...

Atérrate, mete la mano en el abismo.

Remueve tu deseo como una herida fresca.

Piensa o musita... O grita ¡venganza!

Sé una perdida, mi amor, una perdida...

En el amor no existe lo verdadero sin lo irreparable.

[Félix Grande- Elogio de lo irreparable]


dijous

Alejandra


Alejandra





















"Falta mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro, que no
recuerdo"

París, 1960, 1 de noviembre

La hija del insomnio
Por Enrique Molina

"Cuando pienso en Alejandra la veo pasar, solitaria, en una de esas enormes burbujas del Bosco donde yacen parejas desnudas, dentro de un mundo tan tenue que sólo por milagro no estalla a cada segundo. Pero la suya es una burbuja nocturna, irisada como una perla negra. Criatura fascinada y fascinante, víctima y maga, ardía en la hoguera y, al mismo tiempo, con esa maldad del apoesía prendía fuego al mundo circundante, lo hacía arder con su fosforescencia tierna y sombría, que iluminaba su rostro de niña con una sonrisa fantasma. Niña predestinada a ser vista, con los ojos absortos, en la ventana de un caserón ruinoso, en alguna de esas alquimias del Verbo, entrevistass en el fondo de un lago. Pero aun allí, en la profundidad de los sueños, fue también la extranjera, la extraviada de sí misma. Una desconocida con su mismo rostro avanzaba hacia ella en todo lugar, en todo instante de su existencia terrestre, interrogándola con las preguntas más desgarradoras, planteándole sin cesar sus propios enigmas, el misterio de todo amor y de toda ausencia. Porque Alejandra permaneció siempre en el linde perdido de otra ribera, cuyo eco no dejó nunca de resonar en las zonas de sombra de su ser con la nostalgia de "los verdes paraísos de los amores infantiles".


Pocos seres he conocido tan plenos de fatalidad poética. Extrañamente, todos sus elementos, sus pájaros, sus nubes, su país de huérfana que oculta un secreto desmesurado, su memoria y su pasión se ordenan en dos coordenadas esenciales: el deslumbramiento de la infancia, cuyos poderes sobrevivían en ella, y un permanente sentimiento de muerte, como otro deslumbramiento terrible que la precipitaba al asombro y al terror. Duende desposeído por la caída, cautiva de un reino perdido, sólo podría ver las cosas a la luz de esa exigencia inflexible y sin consuelo. No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar.


Pero la fascinación de la infancia perdida se convierte en ella, por una oscura mutación que cambia los signos, en la fascinación de la muerte, igualmente deslumbradora una y otra , igualmente plenas de vértigo. Toda su poesía gira en torno a estos dos polos magnéticos, dos solicitaciones extremas que se funden en su voz y le dan, desde sus primeros libros hasta sus últimos textos, un acento inconfundible, una emoción esencial y de una calidad extrañamente perturbadora. En uno de los planos más remotos de su conciencia, una imagen materna, blanca y luminosa, la acoge y la protege, le revela las cosas y los sueños en una unidad total. En el extremo opuesto, una mujer pálida y nocturna, la acoge también con la misma solicitud maternal, con una tenebrosa belleza. Hacia una y otra la hija del insomnio corre con los brazos tendidos.


Ahoar que tantas parejas de enamorados escuchan su palabra, ¿qué puede darles ella? No la esperanza ni la calma, sino una exaltación, una apuesta perdida. Un paraíso infantil doblado por el paraíso de la muerte, la aventura del amor y su impsible realidad.


La letra de Alejandra era pequeñita, como un camino de hormigas o un minúsculo collar de granos de arena. Pero ese hilo, con toda su levedad, no se borrará nunca, es uno de los hilos luminosos para entrar y salir del laberinto."

JULIO CORTAZAR



CARTA DE JULIO CORTÁZAR A ALEJANDRA PIZARNIK
París, 9 de septiembre de 1971

Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.
Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.


dimecres



ESCALOFRÍO







Quiero explicarte algo… 
Voy a dejar constancia escrita de un escalofrío, describirte cómo recorre mi piel y sube desde los dedos de mis pies, arrasando todo lo que encuentra a su paso, como un caballo desbocado. 
Quiero que sepas cómo hace que me tambalee cuando pasa por mis rodillas, cómo me sacude hasta hacerme temblar cuando recorre mi cuerpo desde el ombligo hasta la espalda. 
Quiero describirte cómo recorre mis brazos, cómo eriza mi pelo. 
Quiero que lo sientas como lo siento yo cuando sube por mi espina dorsal y se aposenta en mi nuca. 
Quiero que cierres los ojos para conservar la sensación, como si fueran puertas cerradas con llave, hasta que por fin los abras y ese sentimiento se pierda en el aire.
Quiero dejarte constancia escrita, un escalofrío, quiero hacer poesía pura con cuatro letras y una sensación...yo no soy poeta.

de:
foros.monografias.com

dilluns





VIA CRUCIS












Cuando entro
y estás poco iluminada
como una iglesia en penumbra
Me das un cirio para que lo encienda
en la nave central
Me pides limosna
Yo recuerdo las tareas de los santos
Te tiendo la mano
me mojo en la pila bautismal
tú me hablas de alegorías
del Vía Crucis
que he iniciado
-las piernas, primera estación-
me apenas con los brazos en cruz
al fin adentro
empieza la peregrinación
muy abajo estoy orando
nombro tus dolores
el dolor que tuviste al ser parida
el dolor de tus seis años
el dolor de tus diecisiete
el dolor de tu iniciación
muy por lo bajo te murmuro
entre las piernas
la más secreta de las oraciones
Tú me recompensas con una tibia lluvia de tus entrañas
y una vez que he terminado el rezo
cierras las piernas
bajas la cabeza

cuando entro en la iglesia
en el templo
en la custodia
y tú me bañas.

C. Peri Rossi