dissabte








Abundantes ropas envuelven a los amantes,
sólo un hombro o un muslo están desnudos
como pulpas de luz
y los sexos en su quieta fiereza.

Si el acoplamiento es inmóvil, las sedas de las ropas
no dejan de ondular. Las telas,
delicadamente estampadas
con menudas flores de una primavera geométrica,
se deslizan por toda la esterilla, avanzando
y acumulándose en pliegues breves y rápidos.

Si la luz de la carne es blanca,
las sedas fluyen como un río de varia coloración, un río
que se desprende del cuerpo de los amantes
que, cerrados al mundo, ignoran
cómo se agitan esas pequeñas flores rojas.

J. Watanabe, Perú









Una lágrima sola para nombrarlo todo,
escasa es ella
digna de cuidado
Hay una
para la luz que queda, para el aire,
como la última bala contra todo el peligro,
una lágrima sola para toda la vida.

Como todo alimento y para respirar,
esa única bengala en medio de la noche.

Sin embargo este puño la aprieta con dulzura.
Va a hacerla polvo (dicen).
Va a hacerla polvo.



Jorge Boccanera


dijous

28 de enero

Se me volaron los pajarracos Ana, pero no tanto como para olvidar tu cumpleaños. Felicidades preciosa, brindo con un rico Té y alguna magdalena catalana, las de Proust se deslizan por precipicios descontrolados, pero mis lealtades siguen intactas, Tù y nadie más que Tú.

Per molts anys capocha querida, Barcelona y toda la familia te seguimos esperando en el abrazo.

Alguna vez escribí poemas.

Para ti, va uno latiendo amiga. Ante mi falta de credos, la esperanza de volver al útero del poema.



Y el poema toma forma en el alma de quien lo escribe
escenario, sensaciones es la invasión de quien lo lee.
Puede ser lagrima, deseo, recuerdo, culpa, entrega
árbol, estrella, cárcel, morada, medio, vinculo,
puente entre las almas.

Parece indestructible cuando nace, tropieza, balbucea,
enmudece, se detiene y avanza. 
El poema es todo aquello que subyace
en el silencio consensuado
desafiando las siglas, 
que descansan en los libros de los sabios.

El poema no es métrica, ni comas o tildes de versos perfectos,
el poema es quizá esa sensación que nace a la luz de los demás
en el afuera de las heridas y vendas,
en la palabra prohibida.

El poema se desliza sin temor
entre todos los horrores,
concilia sueño e insomnio
en ese certero lugar indeterminado,
porque no puede ser confinado,
ni al equivoco perpetuo, ni a la razón esquiva,
es un pedazo de desgarro o sonrisa desafiante.

Es un cielo obstinado en brillar
en medio de lo oscuro, 
intentando encontrar siempre
el verso divino,
aquel que lo diga todo,
aquel que logre transmitir
alma corazón y vida
sin ambages, sin morir.

dilluns



Soy mujer porque otras lo fueron antes.

Lo fue Sylvia y también Alejandra. Virginia. Marguerite. Lo fueron antes que yo.

Construyo mi feminidad sobre los cimientos de otras. De la piedra de la locura, de la sombra de papá, del vientre que arde y sangra, de la enfermedad-edad.

Soy mujer porque lo grita este cuerpo. Otros lo gritaron antes. Nada nuevo, y sin embargo todo a estrenar. Toda mujer es un gran estreno.

Soy mujer porque entiendo la vida construída sobre un montón de úteros jugosos, que lo fueron de otras y ahora tengo el mío. ¿Qué hago con el mío? Porque soy mujer y asumo la habitabilidad de mi cuerpo. El arraigo. Los músculos y venas formando un entramado de nudos, una tela de araña atrapando a los incautos insectos (quise decir sentimientos) que quieren escapar.

Soy mujer, ¿y ahora qué?


Día cualquiera cuando estás

[Este texto habla de la idolatría no correspondida]


Yo quería ser normal. El pájaro quería ser normal. El perro quería ser normal. Lo normal quería ser…en fin. Y estos meses con su angustia metastásica quisieron ser normales. Pero es imposible, porque la normalidad es lo menos normal del mundo.

Habitaste el sueño de las hormigas,
el cosquilleo de tu caminar dejó un reguero de entumecimiento en la piel.

Inventaste la fiebre, los tem(bl)ores. Te dibujaste entre las nubes y la lluvia hirió tu imagen, como si las gotas fueran balas. Luego fuiste del agua.

El eco de tu voz modeló montañas imposibles de escalar. Como el hijo bastardo de un dios cansado de encarnar la fe de demasiadas personas.

Y yo sólo quise ser normal.


M. Islandia









dijous









La cama en la que nos amábamos era un mundo en rotación
de bosques, castillos, antorchas, riscos, mares donde él buceaba perlas.
Las palabras de mi amante eran estrellas fugaces que caían a la tierra como besos
sobre estos labios.
Mi cuerpo a veces una rima imperfecta de su cuerpo, como un eco o asonancia; 
Sus caricias un verbo bailando en el centro de un sustantivo.
Algunas noches, soñaba que él me había escrito. 
La cama una página bajo su mano de escritor. 
Romance y drama interpretados por el tacto, el gusto y el olfato.
Y en la otra cama, la mejor, nuestros huéspedes dormitaban babeando prosa. 
Mi amor vivo y alegre yace en el ataúd de mi cabeza de viuda.

Como él yacía conmigo en aquella segunda mejor cama.

ANNE HATHAWAY